El barrio la Macarena alberga una buena cantidad de restaurantes y bares especiales, como es el caso de Belgrado, restaurante de comida de Serbia cuya dueña es peliroja y ortodoxa a morir.
Por: Marcela Ortiz Escobar
Katarina prepara todo el menú. Son varios los amigos bogotanos que disfrutan de una buena podvarak (estofado). Vivió en carne propia muchos de los conflictos religiosos cuando Yugoslavia la conformaba Bosnia, Croacia, Serbia, Macedonia, Eslovenia y Montenegro. Sobre el dueño del restaurante Dalmacia prefiere no pronunciarse y cuando lo hace su cabellera rojiza se electrifica, pero sus puertas estan abiertas de ahora en adelante para una buena causa cultural dentro del restaurante.
Katarina no quiere convertir su escenario gastronómico en una sucursal tipo Mc Donalds ya que opina que se perdería toda escencia familiar de aquel intento de gestión cultural. El restaurante que no mide más de 40 metros cuadrados está lleno de cuadros de papas ortodoxos, mapas y paisajes típicos de su país. La cocina ubicada en la entrada del restaurante está a la vista de los clientes. Cinco mesas conforman todo el espacio, la última haciendo parte de el cubículo de atrás. Una constante melodía de sonidos árabes, gitanos y rusos conforman dicha atmósfera.
"Ya es aburrido llegar y comer e irse. En Serbia bailamos mucho y me gustaría hacer de mi local un espacio de interacción cultural. Tertulias sobre las películas que proyectemos y que bailemos con la mejor música serbia". Así lo decidió desde la inauguración de el primer encuentro el pasado jueves 22 de octubre donde se proyectó la película Prométeme del director bosnio Emir Kusturica. La próxima semana, los clientes pueden revisar su mail para una proyección de otro director de cine serbio y para finalizar mucho vino y baile.
miércoles, 28 de octubre de 2009
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